La historia que cambió el mundo
El Evangelio de Jesucristo
La palabra Evangelio significa «buenas noticias». Es el mensaje central de la Biblia: Dios envió a su Hijo para salvar a la humanidad.
«Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.»
1 Corintios 15:3-4
Cumplimiento Profético
Capítulo 1
El Nacimiento del Salvador
Hace más de 2.000 años, en la pequeña ciudad de Belén, nació Jesús de una virgen llamada María, exactamente como había sido profetizado 700 años antes por el profeta Isaías. Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros.
Los ángeles anunciaron su llegada a los pastores. Una estrella guió a los sabios de oriente. Todo el cielo celebró la llegada del Mesías prometido.
«He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.»
Isaías 7:14
3 Años de Ministerio
Capítulo 2
Su Ministerio y Enseñanzas
Durante tres años, Jesús recorrió Israel predicando el Reino de Dios. Sanó a los enfermos, dio vista a los ciegos, hizo caminar a los paralíticos, expulsó demonios y hasta resucitó muertos. Cada milagro demostraba que Él era el Mesías prometido.
Enseñó como nadie había enseñado antes: sobre el amor, el perdón, la justicia y la venida del Reino de Dios. Eligió a doce apóstoles para que fueran testigos de su vida, muerte y resurrección.
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.»
Juan 3:16
El Sacrificio Perfecto
Capítulo 3
Crucificado por Nuestros Pecados
Jesús fue arrestado, juzgado injustamente, azotado y condenado a morir en la cruz. En el monte Calvario, cargó sobre sí los pecados de toda la humanidad. Él, que nunca pecó, se hizo pecado por nosotros.
La crucifixión no fue un accidente: fue el plan de Dios desde antes de la fundación del mundo. Sus últimas palabras fueron: «Consumado es» (Juan 19:30). La deuda del pecado quedó pagada para siempre.
«Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.»
Isaías 53:5
La Oscuridad Más Profunda
Capítulo 4
Fue Sepultado
El cuerpo sin vida de Jesús fue bajado de la cruz y colocado en un sepulcro nuevo, excavado en la roca. Una gran piedra fue rodada para sellar la entrada. Los soldados romanos montaron guardia. La muerte parecía haber ganado.
La sepultura confirma la realidad de su muerte: no fue un desmayo ni una ilusión. Realmente murió y fue enterrado. Sus discípulos perdieron toda esperanza. No entendían que Dios estaba a punto de hacer lo imposible.
«Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña.»
Mateo 27:59-60
Victoria Eterna
Capítulo 5
Resucitó al Tercer Día
La tumba está vacía. Al tercer día, Jesús venció a la muerte y resucitó gloriosamente, tal como lo había prometido.
Se apareció a sus discípulos, a más de 500 personas a la vez, comió con ellos, les mostró sus heridas. No fue una alucinación ni un mito. La resurrección es la prueba definitiva de que Jesús es quien dijo ser: el Hijo de Dios, el Señor de señores, el Rey de reyes.
«No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.»
Mateo 28:6
La señal más importante
¿Estás listo para recibir a Cristo?
La pregunta no es si estas cosas sucederán. La pregunta es si estarás listo cuando sucedan.
«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.»
Efesios 2:8
La salvación no se compra ni se gana con obras: es un regalo que se recibe por la fe. Si reconoces que eres pecador y crees que Cristo murió por tus pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día, pon tu confianza solo en Él. Puedes decírselo a Dios ahora, con tus propias palabras o con una oración como esta:
Señor Jesús, reconozco que soy pecador y que no puedo salvarme a mí mismo. Creo que moriste por mis pecados, que fuiste sepultado y que resucitaste al tercer día. Pongo mi confianza solo en ti. Gracias por perdonarme y por darme la vida eterna. Amén.
No son las palabras las que salvan, sino la fe en Cristo. Si hoy has creído, nos encantaría saberlo y orar por ti.
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Mateo 24:14
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